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Cuando el cuidado se convierte en encuentro: así se vivió el Festival de Comunidades del Cuidado

31 de August de 2026

Salir de la rutina, moverse, jugar, cocinar, conversar, recordar y compartir con otras personas también son formas de cuidarse. Esa fue la invitación del Festival de Comunidades del Cuidado, un espacio que reunió a docentes, administrativos y contratistas de la Universidad Nacional de Colombia alrededor de diferentes actividades de bienestar, con propuestas en las que también pudieron participar estudiantes y niños y niñas.

La jornada buscó acercar a la comunidad universitaria a algunas de las posibilidades que ofrece la Universidad para el cuidado y el bienestar. Actividades físicas, juegos, experiencias artísticas y espacios para compartir hicieron parte de una programación pensada para encontrarse por fuera de las responsabilidades cotidianas.

Para Karen Dayana Rodríguez, líder del programa de Promoción de Actividad Física Vitalicia, el trabajo entre Comunidades del Cuidado y el área de Deportes responde a una idea sencilla: la actividad física es una herramienta importante para generar bienestar dentro de la comunidad universitaria. Por eso, durante el festival hubo yoga, calistenia y rumba, una de las actividades que, según cuenta, suele convocar tanto a funcionarios como a estudiantes.

Pero el movimiento fue solo una parte de la jornada. El festival también fue una oportunidad para recordar que el bienestar universitario tiene múltiples caminos y que conocerlos puede hacer parte del cuidado cotidiano.

“Hay mucha gente que ingresa a la universidad y ni siquiera sabe cuál es la oferta grande de servicios de bienestar que hay”, explicó Rodríguez. La invitación, entonces, fue a descubrir esas posibilidades y a reconocer que estudiar o trabajar en la Universidad también puede estar acompañado de espacios para la salud, la cultura, la actividad física y el encuentro con otras personas.

Una de las experiencias estuvo a cargo de Créalo, proyecto de la División de Cultura, que llevó al festival una actividad llamada Paseo de olla. La propuesta partió de una pregunta sobre los recuerdos y las imágenes que cada persona guarda de los paseos de olla que ha vivido o de aquellos que le gustaría vivir.

La actividad se desarrolló como un recorrido de aproximadamente media hora por diferentes estaciones ubicadas en el prado del campus. Allí, los participantes respondieron preguntas de manera escrita y mediante grabaciones de voz. Después llegaron a una carpa central donde encontraron utensilios e ingredientes para preparar un guacamole de acuerdo con sus propios gustos, conocimientos o imaginación.

Al final del recorrido, el alimento preparado se convirtió también en una excusa para sentarse y compartir. Para Felipe, coordinador de Créalo, la experiencia partió de entender la comida y la cocina como lugares de cuidado y bienestar, especialmente para una comunidad que muchas veces pasa buena parte de su jornada entre oficinas, reuniones y responsabilidades laborales.

La propuesta permitió cambiar por un momento ese ritmo: salir al exterior, encontrarse con otras personas, cocinar colectivamente y compartir un alimento. Así, una actividad aparentemente cotidiana se convirtió en una experiencia para poner el cuerpo, conversar y hacer algo juntos.

El festival también tuvo espacio para ejercitar la mente. Marcela Acosta, técnica administrativa de la Biblioteca y quien estaba estrenando cargo en la Universidad, participó en un juego de preguntas y respuestas en el que resultó ganadora. Su premio fue la clasificación a una final que se realizaría posteriormente en una tienda de juegos, además de llevarse un juego firmado por su autor.

Más allá del premio, para Marcela la experiencia fue una oportunidad para compartir con otras personas y descubrir una actividad diferente dentro del campus. “Me parece súper importante porque son como otras actividades para la comunidad universitaria, no solamente física, sino que también ejerciten la mente”, contó.

Su experiencia también pone sobre la mesa uno de los propósitos del festival: generar espacios dirigidos especialmente a quienes trabajan en la Universidad. Aunque gran parte de la programación de bienestar suele asociarse con la vida estudiantil, docentes y administrativos también hacen parte de la comunidad y necesitan espacios para encontrarse, disfrutar y participar.

El Festival de Comunidades del Cuidado reunió justamente esas diferentes maneras de estar juntos. Hubo quienes llegaron para hacer ejercicio, quienes se animaron a jugar, quienes cocinaron, quienes participaron en actividades culturales y quienes simplemente aprovecharon la jornada para conversar y conocer nuevas personas.

La participación de estudiantes y niños y niñas amplió además la posibilidad de que el cuidado se viviera como una experiencia compartida. Porque una comunidad se construye también cuando diferentes generaciones y roles dentro de la Universidad encuentran un espacio común para jugar, aprender, crear y disfrutar.

Al final, el festival dejó una idea que atraviesa la estrategia de Comunidades del Cuidado: el bienestar no ocurre solamente cuando termina la jornada laboral o académica. También está en una pausa para moverse, en una actividad que despierta la curiosidad, en cocinar con otras personas, en reírse durante un juego o en descubrir que hay alguien nuevo con quien compartir.

Redactó: Carolina Crosby Jiménez.

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