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Memoria, educación y reparación: voces de la conmemoración del 9 de abril en la UNAL

31 de July de 2026

Cada 9 de abril, Colombia conmemora el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, una fecha que invita a escuchar, reconocer y reflexionar sobre las historias que han marcado al país. En la Universidad Nacional de Colombia, esa conversación también ocurre en los pasillos, en los espacios colectivos y en las actividades que buscan hacer de la universidad un territorio de cuidado, memoria y construcción de paz.

En el marco de esta conmemoración, Bienestar Universitario y la Unidad para las Víctimas realizaron una jornada de sensibilización dirigida a toda la comunidad universitaria. La actividad reunió pinturas en lienzo, relatos sonoros y experiencias de estudiantes beneficiarios del Fondo de Educación Superior para Víctimas, una estrategia que busca facilitar el acceso y permanencia en la educación superior para personas afectadas por el conflicto armado.

La exposición presentó obras artísticas realizadas por beneficiarios del fondo en distintas regiones del país, junto con audios donde estudiantes y egresados compartían sus historias de vida y reflexionaban sobre el impacto que ha tenido la educación en sus procesos personales y comunitarios.

“Queremos que la comunidad educativa conozca, haga memoria y se solidarice con las víctimas. Pero también mostrar cómo la educación transforma vidas y se convierte en un eje fundamental de la reparación integral”, explicó Tatiana Hernández, responsable de la estrategia Construyendo mi Futuro de la Unidad para las Víctimas.

Las historias expuestas nacen precisamente de esa estrategia, en la que los beneficiarios del fondo desarrollan actividades de memoria, formación y construcción de proyectos de vida como parte de su proceso académico y comunitario.

Desde la Universidad, el acompañamiento a estudiantes víctimas del conflicto armado se articula desde el Área de Acompañamiento Integral. Allí trabaja Ingrid Yolima Molina Niño, profesional de la línea psicosocial del Programa de Acompañamiento en la Vida Universitaria (PAVU), quien lidera distintos espacios colectivos relacionados con memoria, paz y cultura del cuidado.

“La idea de esta actividad es nombrar y escuchar. Muchas veces lo que no se nombra parece no existir. Queremos reconocer a estos estudiantes no solamente desde el lugar de víctimas o sobrevivientes, sino también como estudiantes, profesionales y personas que hoy están aportando al país”, señaló Yolima.

Además de esta jornada, durante el semestre se han desarrollado recorridos pedagógicos, ciclos de memoria, tertulias sobre conflicto armado y espacios de formación abiertos a toda la comunidad universitaria. La apuesta, según explica Yolima, no es únicamente hablar del conflicto, sino pensar cómo se construyen relaciones más cuidadosas dentro de la vida universitaria.

“Nosotros pensamos la formación como una formación integral. No solamente formar profesionales desde lo académico, sino personas capaces de construir escenarios donde no se reproduzcan otras violencias”, afirmó  Molina Niño. “La pregunta es cómo hacemos de la universidad un territorio seguro, de cuidado mutuo y reconocimiento para las personas víctimas del conflicto armado”.

Durante la actividad, estudiantes asistentes recorrieron las tres estaciones de la exposición: una muestra visual de pinturas, una experiencia sonora con relatos de vida y un espacio final donde podían dejar mensajes y reflexiones para quienes visitaran posteriormente la muestra.

Para varios asistentes, la experiencia permitió acercarse a realidades que muchas veces pasan desapercibidas dentro de la cotidianidad universitaria: “Es muy bonito que la universidad no sea solo lo teórico o lo que pasa en clase, sino que existan actividades para conocer otras realidades”, comentó una estudiante de Ciencia Política. “La universidad no es solamente para tu carrera; también es aprender a ser persona y conocer todo lo que hay en el país”.

Otro de los estudiantes destacó especialmente el valor de escuchar directamente las voces de quienes han vivido el conflicto: “Conocer otras experiencias y otros procesos dentro de la universidad sí impacta muchísimo. Uno entiende que aquí convivimos personas con historias muy distintas y que esos espacios ayudan a ampliar la perspectiva”.

La jornada también permitió visibilizar que en la UNAL estudian jóvenes beneficiarios del Fondo de Educación Superior para Víctimas, muchos de ellos provenientes de distintas regiones del país y acompañados mediante procesos académicos, psicosociales y administrativos articulados entre la Universidad y distintas entidades externas.

Para Yolima, ese acompañamiento también implica reconocer que cada estudiante tiene necesidades distintas y que construir bienestar universitario pasa por fortalecer redes de apoyo, facilitar rutas institucionales y crear espacios de escucha y comunidad. “Las víctimas no son solamente víctimas. También son estudiantes, científicos, profesionales, artistas. Y la universidad tiene la responsabilidad ética de reconocerlas desde todas esas capacidades y aportes”, concluyó.

Redactó: Carolina Crosby Jiménez

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