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“Ser mamá, ser afro y venir de Tumaco no debería convertirse en una barrera para estudiar”

31 de May de 2026

Cynthia Elisabeth Obando Rosero llegó a la Universidad Nacional de Colombia desde Tumaco gracias al Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (PEAMA). Es estudiante de Diseño Industrial, madre cabeza de hogar de dos niños y está próxima a graduarse. Su historia está atravesada por la migración, la maternidad, la identidad afro, la persistencia y una convicción profunda: la educación puede transformar vidas y territorios.

EP: Cuéntanos quién eres.

CO: Mi nombre es Cynthia Elisabeth Obando Rosero. Soy estudiante de Diseño Industrial, ingresé por el programa PEAMA Tumaco y soy mamá de dos niños, uno de 10 años y otro de 4. Ambos estudian en el IPARM gracias al apoyo de Bienestar Universitario. Si tuviera que definirme diría que soy terca, determinada y una persona que aprendió a amar el cambio. Creo que si no hubiera sido tan terca, ya me habría devuelto a Tumaco hace mucho tiempo.

EP: ¿Cómo llegaste a la Universidad Nacional?

CO: Fue casi una casualidad. Estaban regalando pines para presentar el examen y decidí intentarlo. En ese momento las opciones de educación superior en Tumaco eran limitadas y yo ya había estudiado en el SENA. Ingresé inicialmente a Ingeniería Civil porque era una de las carreras ofertadas para nuestra sede. Después me trasladé a Diseño Industrial, que era lo que realmente quería estudiar.

EP: ¿Por qué decidiste venir a Bogotá?

CO: Ya tenía a mi hijo mayor y sabía que acá existían apoyos como jardines infantiles, alojamiento y acompañamiento de Bienestar. Eso me hizo pensar que sí era posible estudiar siendo mamá. Además, en Tumaco la Universidad Nacional tiene un significado enorme. Para muchas familias representa la posibilidad de que alguien sea el primer profesional. Hay mucho orgullo alrededor de eso.

EP: ¿Cómo fueron esos primeros años en la ciudad?

CO: Fueron difíciles. Nunca había salido de Tumaco. Llegué con un niño pequeño, sin conocer la ciudad y con muchas incertidumbres. Los apoyos de alojamiento y alimentación fueron fundamentales. También hubo personas que me ayudaron de maneras muy concretas: me regalaron ropa para el frío, alimentos, trabajo ocasional o simplemente una red de apoyo. Sin eso habría sido imposible.

EP: Además de estudiar, tuviste que asumir sola la crianza de tus hijos. ¿Cómo viviste ese proceso?

CO: Ha sido uno de los mayores retos de mi vida. Soy madre cabeza de hogar y toda la responsabilidad recae sobre mí. Durante la pandemia regresé a Tumaco y después volví a Bogotá con mis dos hijos, uno de ellos de apenas cinco meses. Había momentos en que tenía que llevarlos a clase porque no tenía otra opción. Muchas veces sentí que no podía más, pero también entendí que abandonar la carrera no resolvería nada.

EP: ¿Qué papel ha jugado Bienestar Universitario en tu permanencia?

CO: Fundamental. El alojamiento, los almuerzos y el acceso al jardín infantil han sido apoyos determinantes. También he encontrado personas muy comprometidas que han creído en mí y en mis hijos. Sin embargo, también pienso que todavía hay muchas cosas por mejorar para estudiantes que somos madres o que venimos de contextos distintos.

EP: ¿Qué dificultades has encontrado dentro de la vida académica?

CO: Hay retos que son estructurales. Muchas veces los tiempos de la academia no contemplan que algunas personas también cuidamos hijos, trabajamos o tenemos responsabilidades adicionales. Me pasó que compañeros evitaban hacer grupo conmigo porque sabían que tenía horarios más limitados. También tuve experiencias con profesores que no comprendían mi situación. No se trata de pedir menos exigencia, sino de buscar formas más flexibles para demostrar nuestras capacidades.

EP: Has hablado de racismo y exclusión. ¿Cómo has vivido tu identidad afro dentro de la Universidad?

CO: Ha sido un proceso complejo, pero también transformador. Una no se siente diferente hasta que sale de su territorio. Estar acá me hizo mucho más consciente de mi identidad afro y de la importancia de transmitirle eso a mis hijos. También he tenido que enfrentar situaciones donde ser mujer, afro, madre y venir de Tumaco genera prejuicios. Hay formas de exclusión que no siempre son explícitas, pero que están presentes.

EP: ¿Cómo influyen tus raíces en tu formación profesional?

CO: Totalmente. Mi línea de trabajo dentro del diseño es la innovación social y el trabajo con comunidades. Siempre he intentado que mis proyectos tengan relación con Tumaco y con el Pacífico. Creo que la Universidad tiene una misión de construir país y eso implica pensar en los territorios. Mi interés está en cómo el diseño puede aportar al bienestar y a la calidad de vida de las comunidades.

EP: ¿Cuál fue el choque cultural más fuerte al llegar a Bogotá?

CO: La soledad. En Tumaco la vida es mucho más comunitaria. La vecina es parte de la familia, los niños crecen acompañados y las personas están pendientes unas de otras. Aquí aprendí a convivir con la distancia. La gente es más reservada y eso fue muy difícil al principio. Lo que me ayudó fue encontrar otras personas de Tumaco y construir espacios donde pudiéramos sentirnos un poco en casa.

EP: También mencionas una red de apoyo entre madres estudiantes.

CO: Sí. En el alojamiento universitario encontré mujeres maravillosas. Compartíamos experiencias, recetas, consejos para la crianza y apoyo emocional. Aprendimos unas de otras y construimos relaciones muy profundas. Muchas de esas mujeres se convirtieron en amigas y hermanas de vida.

EP: Estás a punto de graduarte. ¿Qué viene ahora?

CO: Primero encontrar trabajo y seguir acompañando a mis hijos. Mi sueño es participar en proyectos que tengan impacto en el Pacífico colombiano. Me gustaría devolver algo de todo lo que he recibido. Muchas personas me ayudaron durante este camino y siempre me dijeron que la mejor manera de agradecer era hacer lo mismo por otros.

EP: Finalmente, ¿qué debería cambiar para que más estudiantes puedan permanecer en la Universidad?

CO: Creo que hace falta reconocer que no todos vivimos la universidad de la misma manera. Ser mamá, venir de otra región, pertenecer a una comunidad étnica o tener determinadas condiciones económicas implica desafíos específicos. Se necesitan apoyos más focalizados, más articulación entre las dependencias y, sobre todo, voluntad para escuchar estas experiencias. Muchas estudiantes siguen dejando a sus hijos en sus territorios porque sienten que la Universidad no está preparada para acompañarlas. Yo quisiera que quienes lleguen después encuentren un camino un poco más fácil que el que nos tocó recorrer a nosotras.

Redactó: Carolina Crosby Jiménez

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