Conoce la Liga La Espiral, el grupo que hace freestyle en la Universidad Nacional, sede Bogotá
En la Universidad Nacional de Colombia hay muchas formas de habitar el campus. Algunas pasan por los laboratorios, otras por las bibliotecas, y otras —cada vez más visibles— por los círculos de freestyle que se arman en plazoletas y espacios abiertos. Así nació la Liga La Espiral: como un encuentro espontáneo entre estudiantes que querían rimar, compartir y construir un parche donde la palabra fuera protagonista.
Al comienzo eran reuniones informales: un parlante, una base instrumental y ganas de improvisar. “Arrancamos siendo muy poquitos, casi que amigos que se conocían entre sí, pero la idea siempre fue que cualquiera pudiera llegar”, cuenta “Virus Vergara”, uno de sus integrantes y fundador. Con el tiempo, lo que era un círculo pequeño empezó a crecer. Llegaron estudiantes de distintas carreras, semestres e incluso facultades que no se conocían entre sí, pero que encontraron en el freestyle un lenguaje común.
La Espiral se fue organizando sin perder su esencia abierta. Hoy las jornadas tienen dinámicas claras: filtros, temáticas, réplicas, jurados y finales que se viven con intensidad. Sin embargo, el espíritu sigue siendo el mismo. “Aquí nadie viene solo a ganar. Viene a aprender, a medirse, a perder también y a volver más fuerte la próxima fecha”, dice otro integrante.
Muchos coinciden en que el espacio no solo fortalece habilidades artísticas, sino personales. Improvisar exige rapidez mental, capacidad de argumentación, escucha activa y respeto por el turno del otro. “El freestyle te obliga a pensar rápido, pero también a escuchar. Si no escuchas lo que te dicen, no puedes responder con inteligencia”, comenta uno de los freestylers que participa desde hace varios semestres.
La Liga también se ha convertido en un lugar seguro para expresarse. En las rimas aparecen temas del día a día universitario, críticas sociales, reflexiones sobre la ciudad y sobre el país. “Uno descarga lo que vive acá: el estrés, las entregas, la situación del país. Todo se vuelve material para rimar”, explica un participante. En ese ejercicio, la palabra se transforma en herramienta de catarsis y de creación colectiva.
Recientemente, La Espiral fue anfitriona de Asimétrico, un torneo interuniversitario que va rotando entre distintas instituciones de educación superior. La jornada reunió a representantes de varias universidades en un ambiente competitivo, pero respetuoso y cargado de energía.
“Competir con gente de otras universidades cambia todo. Te enfrentas a estilos distintos y eso te hace crecer”, señala uno de los competidores locales. Para muchos, Asimétrico no fue solo una batalla más, sino la confirmación de que el freestyle universitario se está consolidando como un movimiento articulado, con redes entre campus.
Quienes asistieron como público también vivieron la experiencia con intensidad. “Yo vine a acompañar a un amigo y terminé quedándome toda la tarde. La energía es contagiosa”, comenta una estudiante que presenció el torneo por primera vez. Esa mezcla entre competencia y comunidad es parte de lo que define a La Espiral: se compite fuerte, pero se celebra el talento de todos.
Varios integrantes destacan que el espacio les ha permitido encontrar pertenencia dentro de la Universidad. “A veces uno se siente perdido entre tanta gente. Aquí, en cambio, uno siente que tiene un lugar”, afirma uno de ellos. Esa sensación de comunidad es, quizás, uno de los mayores logros de la Liga.
Más allá de trofeos simbólicos o reconocimientos, La Espiral demuestra que el bienestar también pasa por la cultura urbana, por la posibilidad de expresarse sin filtros y por la construcción de redes entre estudiantes. En cada fecha se fortalece algo más que la técnica: se fortalece el tejido universitario.
En un campus donde confluyen miles de voces, La Espiral recuerda que todas pueden encontrar su ritmo. Que la Universidad también se construye desde el arte, desde la palabra improvisada y desde esos círculos donde, base tras base, se va tejiendo comunidad.